Berana | CON «M» DE MUJER, DE MÉDICO Y DE MADRE
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CON «M» DE MUJER, DE MÉDICO Y DE MADRE

CON «M» DE MUJER, DE MÉDICO Y DE MADRE

CON “M” DE MUJER, DE MÉDICO Y DE MADRE

 

¿Mujer, médico y madre?…¿Madre, mujer y médico?…¿Médico, madre y mujer?… Soy Vanesa del Barrio, mujer desde hace 37 años, médico desde hace 13 y madre desde hace 4… Me resultaría imposible elegir un orden para mi presentación, ya que tengo la gran suerte de tener varias facetas que me llenan por igual y no luchan la una por la otra por ser las primeras. Cada “M” sabe que tiene su espacio y cada “M” me hace feliz.

 
He sido educada en una familia normal, sin grandes lujos, en los que el amor a la familia, el esfuerzo, superación personal, y el respeto al prójimo han sido los pilares fundamentales en los que se ha basado mi crecimiento. He tenido la suerte de crecer en un colegio que ha potenciado los grandes valores que veía en casa, y creo que el tener la cabeza bien amueblada es la gran herencia que me dejan ambos.

 
Desde que tenía uso de razón quise ser médico… Fue el primer disfraz que pedí a los Reyes Magos cuando tenía 4 años. La bromita se me fue de las manos, y después de muchos años de esfuerzo, dedicación y estudio (y por qué no decirlo, también de diversión, aventuras, aprendizaje y crecer como persona) LO CONSEGUÍ… CONSEGUÍ EL PRINCIPIO DE MI SUEÑO. CONSEGUÍ SER MÉDICO.

 
Aún se me ponen los pelos de punta cuando recuerdo cómo juré, junto con mis compañeros y mi novio entonces (ahora marido, padre de mis hijos y compañero incondicional de este maravilloso viaje), el Juramento Hipocrático en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid. UN CAMINO IMPRESIONANTE ESTABA A PUNTO DE COMENZAR…

 
El destino quiso que volviera a Segovia, mi ciudad natal. Es aquí donde comencé mi andadura como Médico Interno Residente de Obstetricia y Ginecología. Fueron 4 años estupendos de estudio, aprendizaje, cansancio, cursos y guardias… Y lo más importante: 4 años en los que me daba cuenta que mi vida ya no tenía sentido sin una bata blanca y un pijama verde… Años que me han acercado a la vida, pero también me han acercado a la muerte. Años en los que he vivido experiencias buenas y otras no tan buenas, pero todas con un denominador común: Siempre, siempre, tenía que dar lo mejor de mi. Y es precisamente en los malos momentos, en aquellos que resulta aún más difícil dar la talla, en los que la palabra médico suena fuerte con toda su magnitud y es en los que los demás más nos necesitan.

 
Mi profesión me ha regalado algunos de los mejores momentos de mi vida, y de mis mayores satisfacciones. Experiencias vividas con familias que estarán unidas a mi corazón para siempre, y que hacen que todo el esfuerzo de cada día tenga sentido. Son sensaciones que no se pueden expresar con palabras y que no lo comparo con nada, es algo único que llena esa faceta de mi vida. Solo puedo decir GRACIAS.

 
En estos años me he dado cuenta de lo importante que es hacer EQUIPO. Es esencial que todos trabajemos en la misma dirección, con un único objetivo común, que nuestras madres y sus niños estén bien. He aprendido que hay que ser humilde, saber pedir ayuda cuando se necesita, saber tus limitaciones y apoyarte en el otro porque todos debemos remar en la misma dirección por el interés de nuestras pacientes.

 
Esta profesión me ha enseñado lo que significa la palabra CONFIANZA. La confianza para mí es un don. Se tiene o no se tiene. Se siente o no se siente. Es como la fe, o el amor. Es algo que no se puede forzar y es imposible recuperar si se pierde.

 
Tengo la suerte de saber de primera mano lo que es la confianza porque yo también he sido paciente. Normalmente estoy al lado del profesional, pero en varias ocasiones he estado en el lado de la paciente. Me he dado cuenta, que cuando hay confianza, es muchísimo, muchísimo más fácil ser paciente que ser médico.

 
La maternidad me llegó en el momento elegido, de estabilidad personal y profesional, y he tenido la gran suerte de poderme preparar para la llegada de mis hijos.
Cuando te dedicas a esta profesión, y te apasiona, no hay nada más bonito que haberlo podido vivir en primera persona. Mis embarazos, y mis partos, han sido la experiencia más maravillosa que he vivido como persona, como mujer y como ginecóloga, y estaré eternamente agradecida a la vida por habérmelo regalado.

 
Es un privilegio poder elegir la persona que quieres que te acompañe en todo el proceso, y también lo es el poder elegir irte libremente si no estás a gusto o no has encontrado lo que buscabas. Yo me siento muy afortunada por haber podido elegir al mejor ginecólogo y a la mejor matrona del mundo para acompañarme en la llegada de mis hijos. Nunca sabes en que momento la vida te va a sorprender y va a poner en tu camino a personas tan especiales e importantes como ellos dos.

 
He tenido la gran suerte de vivir mis dos embarazos intensamente y mis hijos han podido vivir dentro de mi esa energía y pasión por lo que hago. El embarazo es un estado precioso que tenemos la gran suerte de poder vivir las mujeres. Pero también es un estado duro, con molestias y dificultades. Y como todo en la vida, es cuestión de actitud.

 
Mis hijos lo vivieron dentro, y lo siguen viendo ahora que están fuera…Espero saberles transmitir desde pequeños que el hacer las cosas bien es el mejor regalo que pueden ofrecer a los demás y a la vez el mejor premio que van a recibir. Que las cosas que más cuestan son las que más merecen la pena. Y que con confianza en sí mismos, sentido común, bondad y una sonrisa, podrán llegar donde se propongan.

 
Prepararnos para la maternidad es prepararnos para algo más que para pasear un carrito, preparar una habitación o decidir si vamos a optar por lactancia materna o artificial. Para ser madres, primero tenemos que ser personas, saber cuidarnos nosotras, querernos, saber sacar nuestra mejor versión y encontrar nuestra felicidad y plenitud personal. Tenemos que ser conscientes de lo importante de prepararnos por dentro y por fuera para recibir a nuestros hijos en las mejores condiciones.

 
El embarazo es DONDE TODO EMPIEZA… Un camino tan precioso como duro: la maternidad. Un camino que a diferencia de cualquier camino, éste no tiene meta, porque la única meta es caminar cada día y APRENDER Y ENSEÑAR A VIVIR.

 
Nadie nos avisa que no es nada fácil encontrar el equilibrio, que en el día a día seguramente no lleguemos a todo y que el priorizar va a ser el caballo de batalla de cada día. Tenemos que saber ser felices y agradecidos con lo que tenemos, luchar con tesón por todo aquello que queremos conseguir y saber disfrutar de cada faceta de nuestra vida. Para mi ese es el secreto…

 
Con esto me despido, dejando un trocito de mi corazón en estas líneas. Corazón de mujer, de médico y de madre.

 

Vanesa del Barrio Bernabé



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